La saturación informativa, conocida como infoxicación, es la enfermedad digital de este siglo y afecta a la gran mayoría de profesionales .

Según Alfons Cornella, descubridor del síndrome,  «uno está infoxicado cuando no puede absorber más información. Pero hay un síntoma todavía más claro: estás infoxicado cuando te resulta difícil leer un texto de forma pausada, palabra a palabra; cuando lees saltando palabras, porque te has acostumbrado a leer en diagonal. Estás infoxicado cuando lees sin entender lo que lees».

La gran mayoría de los profesionales  lidian en su día a día con montones de datos almacenados en  informes, emails, protocolos, instrucciones, etc. que se envían unos a otros a discreción.   Esa lucha, como todas, supone la existencia de, al menos, dos contendientes: el que escribe y el que lee. La información es el arma arrojadiza  que lanza el primero y que esquiva el segundo.

Relatos de infoxicados

Ana trabaja en la secretaría de una universidad. Es responsable de gestionar las dietas de asistencia de los docentes a congresos. Con el fin de que presenten los comprobantes necesarios en los plazos oportunos, Ana elabora unos detallados protocolos. No ahorra en recursos. Utiliza  desde mayúsculas hasta subrayados con rotulador amarillo. Y para que nada pase desapercibido, incluso post-its. Sin embargo, el resultado no está a la altura de sus esfuerzos: nadie lee los protocolos, se queja Ana.  Ya no sabe qué hacer para que los profesores justifiquen sus dietas según la normativa. A medida que va narrando los desencuentros, su inquietud se convierte en frustración y enfado.

Julián es el jefe de auditoría de una gran empresa. Cada mañana los informes se amontonan en su mesa. Tiene poco tiempo para leer y menos para tomar decisiones. Por eso quiere disponer de toda la información importante en el primer párrafo.  Pero sus colaboradores tienden a ocultársela detrás de redundancias y eufemismos. Julián odia la prosa barroca con que adornan los hechos: ¿tan difícil les resulta decir la verdad? Es por eso que, en general, no lee los informes y no siempre toma la decisión acertada.

La formación en comunicación escrita puede suponer un remedio a sus males y a los de su organización.