El informe como relato

El informe: ¿drama o culebrón?

Me comentaba un directivo que, a su entender, un buen informe debe ser como una obra de teatro. La comparación me pareció sugerente y le pedí más detalles. Los informes, como los dramas –prosiguió–, deben transcurrir en tres actos: planteamiento, desarrollo y conclusión. En este post, me propongo averiguar si, además de atractiva, la constatación del directivo es oportuna y pertinente.

Para ello cuento con la ayuda del libro Estrategia, una historia, la monumental y rigurosa aportación de Lawrence Freedman a la historia del pensamiento estratégico en todos los ámbitos: político, bélico, social y empresarial. En el último capítulo del libro, “Guiones: estratégicos y dramáticos”, Freedman compara estrategia y drama, una aportación muy útil para el ejercicio que me propongo.

Los informes y los dramas tiene algunos puntos en común:

  1. El conflicto. El punto de partida del relato dramático es el mismo que el del informe estratégico: el conflicto. Sin un conflicto, no hay relato ni hay informe. La historia, como el informe, avanza con el conflicto. En ambos casos, el guión falla cuando hay demasiados conflictos o cuando no hay ninguno bien expresado.
  2. La verosimilitud. La historia no debería contener nada irrelevante y tendría que mantener la verosimilitud.En el informe, como en el drama, un argumento o una trama pobre pueden derivar en puntos de vista discordantes, acontecimientos que se desarrollan muy lentamente o demasiado deprisa, enlaces confusos y vacíos evidentes.

Sin embargo, hay importantes diferencias entre un informe y una obra de teatro.

  1. La realidad. El informe trabaja con la realidad. En una obra de teatro, pueden ganar los malos, pero en un informe, no: esa posibilidad tendría consecuencias terribles.
  2. El final abierto. El informe es siempre un final abierto. A diferencia del drama, incluso cuando hay un clímax evidente, el informe siempre tendrá un final abierto: un buen número de temas tendrán que resolverse más adelante. Incluso cuando se alcanza el objetivo final, no es el final de la historia. Buena parte de los informes tratan de cómo afrontar la siguiente etapa, más que de cómo alcanzar el objetivo último.

En conclusión, si bien tienen puntos en común, los informes y los dramas presentan notables diferencias que nos llevan a matizar la opinión del directivo. En vez de pensar en el informe como en una obra en tres actos, es mejor pensar en este documento estratégico como en un culebrón: una serie  guiones que se desenvuelven en episodios sucesivos.