sms

Uso de sms

Mi amiga Juana me enseñó airada el sms que acababa de recibir. “Mira. Fíjate en lo que me dice esa idiota”. En la pantalla de su móvil pude leer esta breve frase: “Tienes razón.”

No me pareció una frase ofensiva ni amenazante y se lo dije. “Pero ¿es que no lo entiendes? Se ríe de mi”. Y Juana leyó el mensaje con un tono sarcástico y burlón.

Intenté hacer entender a Juana que estaba añadiendo al mensaje una información que no existía: el tono. Pero fue imposible convencerla. Juana tenía muy claro el tono con el que su interlocutora había escrito esas dos palabras.

La autora de la frase de la discordia era Lidia, la antigua coordinadora de un proyecto que ahora lideraba Juana. Durante el periodo de transferencia de responsabilidades, Juana le había comentado, por medio de sms, algunos cambios que  pensaba introducir y Lidia le había presentado alguna objeción al respecto, también por sms.

Juana se había sentido atacada y ahora estaba a la defensiva. La gota que colmó un vaso que ya estaba lleno acababa de llegar también por sms. Juana había interpretado el mensaje desde una postura reactiva, en función de sus anteriores intercambios con Lidia. Quizás tuviera razón.

Aunque no podemos adivinar el tono con el que Lidia hubiera acompañado esas dos palabras, sí sabemos que la comunicación escrita es más difícil de interpretar que la oral, dado que el receptor del mensaje no percibe la inflexión de la voz del emisor. Y como a los humanos nos resulta casi imposible ser objetivos cuando estamos implicados emocionalmente y tendemos a interpretar la realidad a partir de nuestras emociones, cualquier frase puede transformarse en una ofensa imperdonable.

Posted by Conxita Golanó